
La diferencia que existe entre
una actitud optimista y otra pesimista se basa en el enfoque con el que se
aprecian las cosas, es como si cambiásemos la lente de una cámara de vídeo con
la que registramos nuestra realidad. Bajo esa óptica podemos empeñarnos en
descubrir inconvenientes y dificultades que nos provocan apatía y desánimo. El
optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y
posibilidades, dándole la vuelta al pensamiento bloqueante y creyendo que si
podemos conseguir cambiar esta situación.
Una de las primeras cualidades a
potenciar ante la situación actual, debería de ser, el optimismo, potenciando en
nosotros la confianza. Efectivamente parece una utopía, principalmente cuando
vinculamos nuestro bienestar a elementos tan subjetivos que responden a: tanto
tienes, tanto vales, dependiendo de un salario para poder subsistir, o si
tienes suerte disponer de una ayuda que no sabes cuándo finalizará. Pero la
inmovilidad de la indefensión, sentirme perdido antes de empezar, esa sí que es
una situación caótica en las personas, cuando ya empezamos a pensar que no es
culpa de la crisis, sino que quizás nosotros tenemos algo que ver en nuestra
ineficacia económica y laboral.