domingo, 25 de abril de 2010

El Valor Positivo del Pasado

Estimados amigos, en este artículo nos vamos a centrar en la importancia que juega el pasado en nuestras vidas, aportando en muchas ocasiones valores óptimos de felicidad, recuerden cuando pensamos en los momentos gratos de nuestra niñez, acuden a nosotros recuerdos positivos que nos generan bienestar, un amigo o amiga de la infancia, un momento determinado de nuestra juventud, un amor… pero en muchas ocasiones ese pasado no es tan positivo y puede jugar un papel importante en nuestra felicidad futura, en como afrontamos esos momentos que tenemos que potenciar en nuestras vidas para avanzar hacia una felicidad plena.
Muchos autores dentro de la psicología positiva discrepan al valorar la importancia del pasado en nuestros valores de la felicidad. Algunos como el propio Seligman, uno de los padres de la psicología positiva, plantean que tenemos que congraciarnos con nuestro pasado para poder empezar a valorar nuestro presente. De la misma manera otros autores como Sonja Lyubomirsky nos dicen que el pasado es irrelevante a la hora de ser felices, ya que el propio potencial de la felicidad presente opaca ese gris pasado.
En mi opinión son importantes las dos visiones, me explico, es verdad que la felicidad presente oculta ese pasado, ya que si conseguimos un estado de bienestar psicológico positivo, donde lo importante es la vida buena, es decir la felicidad significativa, que comentamos cuando hacíamos referencia a la fórmula de la felicidad.
Pero también pienso que si transformamos los recuerdos negativos en positivos, no se sumarán en nuestra contra cuando vivamos momentos no tan felices pues los acontecimientos vitales hagan que nuestro nivel de felicidad no sea tan elevado. Por lo tanto, siempre que libramos de lastre o peso un globo, este comienza a subir hacia el cielo sin freno, sin embargo, si existiera un pinchazo en el globo y llevásemos peso bajaríamos más rápido que si no lo llevásemos.
Sea cual sea, la explicación que apliquemos ambos grupos de autores están de acuerdo en que existen dos formas que proporcionan niveles más altos de felicidad, que son el pedir perdón, y el dar gracias.
Estas dos estrategias normalmente nos ocasionan malestar pues cuando nos imaginamos pidiendo perdón normalmente nos ruborizamos, o simplemente pensamos que si el otro no nos ha pedido perdón antes porque lo íbamos a hacer nosotros. Sin embargo, en los múltiples estudios realizados con el perdón, los resultados sobre el nivel de felicidad son muy importantes, ya que generan beneficios en nosotros, por ejemplo, cuando nos hemos peleado con nuestro marido o nuestra mujer, nos sentimos mal, pero muchas veces no nos atrevemos a pedir perdón, sin embargo cuando lo hacemos nos sentimos tan bien, que se nos dibuja en nuestro rostro emociones positivas.
Por otra parte tenemos la gratitud, el dar las gracias, pero no porque nos hagan un favor, sino dar las gracias a un amigo por estar ahí, de manera espontánea, o a tu mujer o esposo por estar pendiente de nuestros hijos, etc. Al igual que sucede con pedir perdón, se nos hace muy difícil expresar esa gratitud y muchas veces no lo hacemos porque sentimos vergüenza, o porque con el estrés o la costumbre, o simplemente porque esa otra persona está ahí o entendemos que es su obligación cumplir esa labor.
Sin embargo está demostrado que pensar con gratitud nos ayuda a saborear la vida, ya que te sientes afortunado/a de los dones que tienes en tu vida. Recuerdo cuando una de mis hijas tenía unos pocos meses, una señora en el supermercado me comento lo bonita que era mi hija, y me dijo que la disfrutara ahora ya que crecen muy rápido, cuánta razón tenía, y esa frase me hizo reflexionar, y desde entonces me siento agradecido por cada día que paso con cada una de mis dos hijas.
De la misma manera, la gratitud y el perdón nos ayudan a fortalecer los vínculos sociales, ya que generaremos relaciones más próximas y de mayor calidad. Otro factor importante contra el que ejerce un efecto positivo la gratitud y el perdón es la adaptación hedonista (Sonja Lyumbomirsky, 2008) la adaptación hedonista por si no lo recuerdan se manifiesta en nuestra notable capacidad para adaptarnos enseguida a las nuevas circunstancias o acontecimientos. Por lo tanto, si practicamos la gratitud y el perdón, esto hará que estemos siempre pendientes de nuestras personas relevantes, por lo tanto no nos permitiremos adaptarnos ya que hacemos relevante siempre la circunstancia, ya que la renovamos constantemente.
Pero, ¿Cómo practicamos la gratitud y el perdón?.
Aquí plantearemos un ejercicio expuesto por Martín Seligman en su obra la Auténtica Felicidad, el ejercicio consiste en pensar en una persona relevante a la que pensemos que le podríamos dar la gracias por algo, ya que ha jugado un papel importante en nuestras vidas, por ejemplo un profesor de la infancia, o un/a novio/a que jugó un papel esencial en nuestras vidas, nuestra madre o nuestro padre, etc. con el que tengamos una deuda de gratitud, de la misma manera, aquellas personas que hayamos ofendido, con el que no nos llevemos bien por haber discutido en un momento determinado de nuestras vidas. Lo que vamos a hacer escribirles una carta expresando lo que sentimos, nuestro agradecimiento o nuestro perdón de manera óptima, valorando a la otra persona en su justa medida sin resentimientos, valorando el papel que ha jugado en nuestra vida. Una vez hemos escrito la carta, iremos a visitar a dicha persona y se la leeremos, sé que os va a costar mucho, pero os sentiréis enormemente felices. Los estudios demuestran que los niveles de bienestar personal aumentan significativamente. Aunque podríamos obviar el paso de ir a leérsela a la otra persona ya que solo con escribir la carta genera emociones positivas, pero no al mismo nivel de la tarea presentada.
También es importante generar el hábito de dar gracias o pedir perdón en los espontáneamente, a las personas con las que compartimos más tiempo, al principio nos costará decirles a nuestro hijo, gracias por estar ahí, pero con el tiempo nos acostumbraremos a dar la gracias.

Jose J. Rivero
Psicologo
Experto en Formación
Terapeuta familiar.


*Imagen tomada de perfectaiimperfeccion.blogspot.com/2009/10/fe...

2 comentarios:

  1. Dar las gracias, al principio como un ejercicio, luego como un hábito, pero al final, cuando te das cuenta lo que modifica la actitud en quienes las reciben, por la satisfacción que da reconocer lo que los demás nos aportan.

    :)

    ResponderEliminar
  2. Estimado Amigo Angel, sin duda, has dado en el clavo, evidentemente, a mi me gusta llevar a cabo en mi vida todo aquello que ofrezco como técnica en este blog, recuerdo la primera vez que le dí las gracias a mi mujer, por estar ahí, por todo lo que me aporta, se quedó como confundida, pero a la vez inmensamente feliz, por lo tanto, es un ejercicio que nos enriquece a nosotro cuando lo llevamos a cabo, a los demás cuando las reciben y nuevamente a nosotros cuando vemos el efecto que causamos en los demás.
    Gracias por tu comentario como siempre acertado.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar