martes, 14 de febrero de 2012

De la Indefensión aprendida al Optimismo.

Para comenzar mi disertación me gustaría mencionar una cita de Spieler que dice así: “Si siembras un deseo, recogerás una acción; si siembras una acción, recogerás un carácter; si siembras un carácter, recogerás un destino” pues creo que arrojará mucha luz en favor del pensamiento, obra y acción.

Pero en este momento me he planteado hablar del Optimismo, un concepto que se comienza a estudiar en psicología por el año 1975, de la mano de Martin Seligman, padre en primer lugar de la INDEFENSIÓN APRENDIDA, concepto que acunará el nacimiento del estudio del optimism2o, para dar lugar años adelante a lo que conocemos en la actualidad como la psicología positiva.

Pero nos preguntaremos todos: ¿qué es la indefensión aprendida?

La indefensión aprendida, o adquirida, es una condición psicológica en la que un sujeto aprende a creer que está indefenso, que no tiene ningún control sobre la situación en la que se encuentra y que cualquier cosa que haga es inútil.

Seligman exponía a dos perros, encerrados en sendas jaulas, a descargas eléctricas ocasionales. Uno de los animales tenía la posibilidad de accionar una palanca con el hocico para detener esa descarga, mientras el otro animal no tenía medios para hacerlo. El tiempo de la descarga era igual para ambos, ya que la recibían en el mismo momento, y cuando el primer perro cortaba la electricidad, el otro también dejaba de recibirla. En cualquier caso, el efecto psicológico en ambos animales era muy distinto; mientras el primero mostraba un comportamiento y un ánimo normal, el otro permanecía quieto, lastimoso y asustado, con lo que la importancia de la sensación de control en el estado de ánimo parecía demostrada. Incluso cuando la situación cambiaba para el segundo animal, y ya sí podía controlar las descargas, era incapaz de darse cuenta y seguía recibiendo descargas sin intentar nada para evitarlo. Estos estudios han servido para explicar el funcionamiento de la Depresión, modelo que se aplica actualmente en su estudio.

Posteriormente Steve Maier y Seligman encontraron la manera de superar ese sentimiento de impotencia producido en los animales, consiguiendo que los perros volvieran a moverse en la jaula, y solo comenzaron a moverse cuando descubrieron que aquella situación no les producía peligro, y que volvían a sentir que la controlaban. (Seligman, 1975.)

Estos trabajos fueron la fuente del descubrimiento del estudio de la importancia del optimismo en nuestras vidas, partiendo del concepto de vulnerabilidad, tras empezar a realizar experimentos con personas llevándolas a situaciones en las cuales se sintieran indifensos y vulnerables.

Encontrando hallazgos bastante sintomáticos, entre ellos y el más espectacular fue el encontrar a personas que tras sufrir situaciones que les dejan indefensos reaccionan y siguen luchando, sin embargo, otras no, se abandonan como los perros de los experimentos.

¿Pero, qué es lo que mueve a esas personas a no dejarse vencer?, pues según diferentes experimentos realizados por el propio Seligman, y diferentes colaboradores a lo largo de muchos años, el optimismo y su antónimo, el pesimismo, y este es el único factor que diferencia a unas personas de otras.

Pero más aún, se ha descubierto que el pensamiento es la causa final de la depresión, (Ellis y Beck, 1950, 1960 y Seligman, 1980), “La depresión la genera el Pesimismo Agudo”, según afirma el psicólogo David Macaulan.

Por lo tanto, y partiendo de la base de los diferentes estudios acerca del pesimismo, y el poder de los pensamientos pesimistas sobre las conductas depresivas severas, podríamos afirmar que el optimismo es un poder, ya que el cambio de pensamiento produce en nosotros un movimiento, una acción; haciendo referencia a la cita con la que comenzaba esta pequeña disertación.

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