lunes, 10 de septiembre de 2012

Salud, Optimismo y Bienestar Personal.


A mediados de la década de los 80, se realizaron diferentes estudios sobre diferentes grupos de personas que habían sufrido ataques al corazón, estas personas habían sido diagnosticadas, a través de diferente pruebas de personalidad, como personalidad tipo A. Los estudios estaban destinados a encontrar las causas físicas o factores que pudieron ocasionar estos ataques al corazón, entre ellos midieron los siguientes: alcance de los daños al corazón, presión arterial, colesterol, masa corporal , y el estilo de vida de todos los factores de riesgo tradicionales para la enfermedad cardiovascular.
Junto a esto se les realizaron diferentes entrevistas acerca de sus vidas: trabajo, familia, y aficiones. Así como diferentes medidas en optimismo y pesimismo en su vida.


A lo largo del estudio longitudinal observaron aquellas personas que habían fallecido debido a haber sufrido un segundo ataque al corazón. Los datos obtenidos en este estudio nos mostraron como ninguno de los factores de riesgo habituales predijo la muerte: ni la presión arterial, ni el colesterol, ni siquiera el daño causado por el primer ataque al corazón. La única variable que pudo predecir fielmente un segundo ataque al corazón fue la variable optimismo.  En esa línea obtuvieron que de los dieciséis hombres más pesimistas, de ellos murieron 15, de la misma manera, de los dieciséis hombres más optimistas, sólo cinco murieron.

En estudios posteriores se han repetido los mismos resultados, solo el optimismo fue capaz de predecir la aparición o no de un segundo infarto de miocardio.
En el año 1995 se realizó un estudio para la Encuesta de Salud de Nueva Escocia, un equipo de enfermeras calificaron la emoción positiva (alegría, felicidad, emoción, entusiasmo, alegría) en 1.739 adultos sanos. Durante diez años, los participantes que mostraron una emoción positiva alta experimentaron menos enfermedades del corazón. En este estudio no se tomaron medidas de optimismo, por lo que no pudo determinar si la emoción positiva era causa o el optimismo con el que afrontaban su enfermedad, eran responsables de los resultados.

De la misma manera diferentes estudios realizados en Holanda sobre personas que manifestaban mayor optimismo en se observó una tendencia continua,  donde las personas con medidas más altas en optimismo morían menos a lo largo de todo el estudio. Estos resultados muestran que el efecto es bidireccional, es decir, los optimistas mueren tiene una tasa de muerte inferior a la media, y los pesimistas con altos valores mueren a una tasa superior a la media.

Como observamos los estudios realizados sobre la relación existente entre el optimismo y la mejora en las enfermedades cardiovasculares, parece que las personas más optimistas se enfrentan mejor a la hora de reducir el impacto de los factores de riesgo tradicionales como la obesidad, el tabaquismo, consumo excesivo de alcohol, el colesterol alto e hipertensión. Pero además se observa que disminuyen la influencia de otros factores secundarios que aparecen en el momento se sobrellevar una enfermedad de este tipo, como  la depresión, el estrés percibido, y la vivencia de más cantidad de emociones positivas.  Como vemos incluso el nivel de optimismo influye en la manera de afrontar la enfermedad, a mayor optimismo mejor pronostico en la enfermedad.

Por lo tanto, parece que las personas más optimistas afrontan con mayor estabilidad y mantienen estilos de vida más saludables. Los optimistas creen que lo que hacen es relevante para sus vidas, mientras que los pesimistas por el contrario piensan y sienten que se sienten más indefensos y que por ende no pueden hacer nada ante la situación que están viviendo.  Lo que hace que los optimistas se ocupen de su situación de salud con mayor rapidez.

En la misma línea, se ha encontrado que las personas con una alta satisfacción con la vida (que se correlaciona altamente con optimismo) son más propensas a mantener una dieta, dejar de fumar, a hacer ejercicio físico con regularidad y que por el contrarios aquellas personas con menor satisfacción con la vida no son tan constantes a la hora de controlar los factores que mejoran su situación de salud.

Los optimistas por esa razón no solo siguen el consejo médico con mayor rapidez, sino que también toman las medidas necesarias para así evitar los problemas que pudieran acarrearles dicha enfermedad,  mientras que los pesimistas son pasivos, y se abandonan a factores como la suerte o los milagros.

Pero además, los optimistas son capaces de rodearse de personas que les ayuden a sobrellevar los malos momentos, que animen sus vidas, y se vinculan a grupos de ayuda, colectivos, etc. que potencian su bienestar  y en la misma línea su situación de salud.

Pero en la misma línea los optimistas adornan sus vidas con actividades que potencien la capacidad de experimentar el disfrute, de experimentar la capacidad de fluir según nos plantea Mihaly Csikszentmihalyi. Lo que hace que su vida su vida sea más significativa.

Para terminar, parece que aparte de los diferentes cambios físicos a realizar en nuestras vidas, así como la toma de los diferentes tratamientos que nos receten los especialistas sobre las diferentes afecciones, deberíamos de potenciar en las personas enfermas el optimismo con el que afrontan la situación por la que están viviendo, ya que se encuentran resultados positivos en diferentes ámbitos de la salud física.

Jose J. Rivero
Psicólogo, coach personal.
Terapeuta familiar.
Coordinador educativo.
Miembro de la SEPP.(Sociedad Española de Psicología Positiva).


Bibliografía.
Aprenda optimismos, Martin Seligman, 2004.
La autentica Felicidad, Martin Seligman, 2007
La vida que florece, Martin Seligman, 2011.

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