jueves, 11 de abril de 2013

La Resiliencia como elemento del Crecimiento Personal y el Bienestar.


Has de participar sin cesar en las manifestaciones de tus propias bendiciones y cuando alcances el estado de felicidad, nunca tienes que relajarte y dejar de mantenerlo, sino que tienes que hacer un gran esfuerzo para seguir nadando hacia arriba, hacia esa felicidad para siempre, para mantenerte a flote por encima de ella”. ELIZABETH GILBERT

Por motivos de mi profesión llevo muchos años dedicándome a la intervención social con personas que se encuentran en situación de pobreza severa, personas que se encuentran sin techo, sin hogar, y en situaciones donde parece que la persona tiende a diluirse en problemas. De mi experiencia como psicólogo, he descubierto que muchos se dejan abandonar a su suerte, esperando que aparezca algo, o alguien que le ayude a salir de su situación personal y social. También, me he encontrado con aquellos supervivientes de la calle, es decir, aquellas personas que sobreviven en los momentos más calamitosos y que parecen indestructibles, llevan años sobreviviendo, y en muchas ocasiones vuelven a normalizar la situación, estos son los verdaderos héroes con la misión de reconstruirse cuan Ave Fénix que resurgiera de sus cenizas.
En nuestra vida diaria los vemos, no hay que acudir a situaciones límites para poder encontrarnos con los verdaderos supervivientes, personas como usted y como yo, a las que los problemas les golpean pero que a la vez, son capaces de resurgir, sacando algo positivo de haber pasado por una situación traumática en sus vidas.

De estas personas, y de esa fortaleza interior vamos hablar en este artículo, para ello pasaremos a clarificar el concepto de resiliencia a lo largo de los siguientes párrafos.
Desde esta perspectiva prestamos atención a las diferentes formas de afrontar esas situaciones por parte de esa minoría que sale indemne y reforzada de esas situaciones de crisis; ¿por qué y de qué manera superan las diferentes situaciones, con qué recursos?, ¿es normal su forma de actuar?, ¿todos podríamos actuar de la misma manera? Desde hace más de veinte años Boris Cyrulnik inició un camino de búsqueda y hallazgos centrándose en el potencial de cambio y superación de los seres humanos, comenzando por mirarse a sí mismo, al constatar su tremenda capacidad para sobreponerse a la experiencia de horror de su niñez. Tenía sólo seis años cuando en 1944 huyó de los soldados alemanes que habían asesinado a sus padres en una sinagoga. Tras vivir una dura infancia marcada por las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial y al acoso a su pueblo judío, viviendo incluso de la beneficencia y habiendo ido al colegio por vez primera sólo al cumplir once años, fue capaz de superar ese trauma y dolor transformándose en el prominente hombre de ciencias que es hoy. Sus aportaciones son reconocidas mundialmente y se le considera uno de los fundadores de la etología humana, ciencia que estudia el comportamiento de las personas.

Sus investigaciones se iniciaron trabajando con chicos de la calle y, dentro de ellos, con una minoría libre de las patologías a las que la teoría y las estadísticas parecían condenarlos fatalmente a ser victimas del alcoholismo, delincuencia, adicción a las drogas, etc. Para convertirse, en cambio, en seres predispuestos a llevar una vida de proyectos y planes de vida, consiguiendo un bienestar social óptimo. Este fenómeno denominado “resiliencia”, es hoy objeto de estudio por parte educadores, psicoterapeutas y sociólogos. Se apunta a las potencialidades del sujeto (aquello que puede hacer bien) más que a un pronóstico centrado en los errores fomentando aquellas competencias que le ayuden a salir adelante.

Por ello, y sin más demora pasamos a definir el concepto de resiliencia, entendiendo que es la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves (Manciaux, Vanistendael, Lecomtey Cyrulnik, 2001). La resiliencia se sitúa en una corriente de psicología positiva y dinámica de fomento de la salud mental y parece una realidad confirmada por el testimonio de muchísimas personas que, aun habiendo vivido una situación traumática, han conseguido encajarla y seguir desenvolviéndose y viviendo, incluso, en un nivel superior, como si el trauma vivido y asumido hubiera desarrollado en ellos recursos latentes e insospechados.

El término resiliencia se utiliza se usa en la física de los materiales para expresar la capacidad de recuperación de ese esfuerzo. Tal como un objeto abollado recobra su forma primitiva si tiene la suficiente elasticidad, los seres humanos dotados de resiliencia natural o adquirida serán capaces de salir de un agotamiento causado por estrés traumático u otras causas.
Antes de comenzar a definir a las personas resilientes habría que mencionar que la resiliencia es dinámica, es decir, cambia con el tiempo, afectando a la capacidad de resiliencia nuestras circunstancias vitales, el contexto en el que sucede el trauma y la etapa de la vida por la que atravesamos. Por lo tanto, dicha capacidad no es estable, ni se responde siempre de la misma manera.

Evidentemente, debemos de plantearnos entonces si nuestra personalidad y el contexto pueden generar en nosotros una manera de responder ante un trauma, afectando a nuestra capacidad de resiliencia.
Parece que las personas resilientes poseen una gran seguridad en sí mismas y en su propia capacidad de afrontar los traumas, de la misma manera sabemos que es adecuado contar con apoyo social, principalmente con una persona de referencia para nosotros que nos guía, se le conoce como el tutor resiliente, es una persona importante en nuestras vidas, pero no importante por estatus social o económico, sino porque es una persona significativa que influye positivamente en nosotros.

Además hemos de tener nuestros objetivos de vida claros, bien definidos, reconociendo que nuestra vida tiene sentido porque… hemos de contestarnos a ese por qué. Nuestras metas por lo tanto deben de ser claras y responder a nuestros objetivos de vida, eso nos ayuda a clarificarnos como personas, conociendo donde nos encontramos y hacia donde queremos llegar. Por esta razón, debemos de tener una gran confianza en nuestras capacidades de intervenir e influir en lo que sucede y en las circunstancias (Tierno, 2007).

Por ende, y relacionado con todo lo anterior, es importante que la persona resiliente se caracterice por su esperanza de poder aprender algo positivo de la experiencia traumática y enriquecerse de alguna manera que le produzca un crecimiento personal.
Esto define un tipo personalidad que denominaremos resiliente que caracteriza a las personas resistentes con un gran sentido del compromiso, una fuerte sensación de control sobre los acontecimientos y están más abiertos a los cambios en la vida, a la vez que tienden a interpretar las experiencias estresantes y dolorosas como una parte más de la existencia. El concepto de personalidad resistente aparece por primera vez en la literatura científica en 1972, en relación a la idea de protección frente a los estresores.
Es importante poner énfasis en el concepto de crecimiento postraumático, que hace referencia al cambio positivo que un individuo experimenta como resultado del proceso de lucha que emprende a partir de la vivencia de un suceso traumático (Calhouny Tedeschi, 1999). Este concepto, aunque está estrechamente relacionado con otros como hardiness o resiliencia no es sinónimo de ellos, ya que, al hablar de crecimiento postraumático no sólo se hace referencia a que el individuo enfrentado a una situación traumática consigue sobrevivir y resistir sin sufrir trastorno alguno, sino que además la experiencia opera en él un cambio positivo que le lleva a una situación mejor respecto a aquella en la que se encontraba antes de ocurrir el suceso (Calhouny Tedeschi, 2000).

Por lo tanto debemos de tener en cuenta que cuando hablamos de crecimiento postraumático nos referimos al cambio positivo que sufre una persona en el proceso de lucha que sucede a partir de un suceso traumático, hay que mencionar que no todas las personas que pasan por una experiencia traumática van a salir fortalecidas y por lo tanto no experimentan crecimiento personal en ella (Park, 1998; Calhouny Tedeschi, 1999).
Las personas nos caracterizamos por ser dueños en mayor o menor medida de esa capacidad de salir adelante reforzados, es decir de ser resilientes. Tanto los niños y los adultos aprendemos a reponernos de las crisis, a seguir adelante. Desde la cultura popular podemos ver como se refleja muy bien el sentimiento de que sólo hasta cierto punto somos vulnerables y que salvo en casos extremos las personas se recuperan antes o después de sus traumas, ya que “la vida continúa”, “hay que seguir tirando”, “el mundo no se acaba hoy”, etc. Pero, si es verdad que encontramos diferencias en como afrontamos estos graves problemas, existen personas que poseen un alto grado de resiliencia, parece que es propia, innata, que su temperamento le hace que afronte con muchas expectativas de salir delante de esas situaciones problemáticas, que a veces son vistos como invulnerables a la adversidad, pero también existen otras personas que por diversas causas se entregan a situaciones de estrés cada vez más notables, que acaban en crisis depresivas o enfermedades somáticas. “es como si les faltara herramientas en la caja de herramientas de la vida (Teitelmany Arazi, 2008).

El crecimiento postraumático que pueden experimentar las personas se puede dividir en tres elementos esenciales (Calhouny Tedeschi, 1999; 2000)
Cambios en uno mismo: este sentimiento es común para muchas personas que se enfrentan a una situación traumática, así parece que el aumento de la confianza en las propias capacidades para afrontar cualquier adversidad que pueda ocurrir en nuestras vidas hace menos vulnerable a las personas. De esta manera consiguen hacer frente los sucesos traumáticos, sintiéndose capaz de enfrentarse a cualquier otra cosa. Estos cambios se pueden encontrar en personas que por sus historias de vida, se han visto sometidas a situaciones estrictas y de opresión en el pasado y que han aprendido a contrarrestar las situaciones traumáticas para así poder redireccionar su vida. Estas ideas han sido reforzadas con diversos trabajos de investigación donde se ha visto que las convicciones políticas e ideológicas son el principal factor positivo de resistencia en presos políticos y torturados (Pérez-Sales y Vázquez, 2003).
Estas personas procuran no tomarse las cosas tan a pecho y que así el temor impida hallar las salidas. Y en esto el sentido del humor nos permite tomar distancia de los conflictos. La creatividad, la multiplicación de los intereses personales, los juegos de la imaginación relegan esas causas de alarma a su justo lugar, relativizarlas para no deprimirse.

Cambios en las relaciones interpersonales: muchos se sienten fortalecidos y fortalecidas cuando aparecen personas de referencia en su vida, sus relaciones con los otros a raíz de la vivencia de una experiencia traumática. Suele ser común la aparición de pensamientos del tipo “ahora sé quiénes son mis verdaderos amigos y me siento mucho más cerca de ellos que antes”. Muchas familias y parejas enfrentadas a situaciones adversas dicen sentirse más unidas que antes del suceso. En un estudio realizado con un grupo de madres cuyos hijos recién nacidos sufrían serios trastornos médicos, se mostró que un 20% de estas mujeres decía sentirse más cerca de sus familiares que antes y que su relación se había fortalecido (Affleck, Tenneny Gershman, 1985). Por otro lado, el haber hecho frente a una experiencia traumática despierta en las personas sentimientos de compasión y empatía hacia el sufrimiento de otras personas y promueve conductas de ayuda.

Son esenciales asimismo las llamadas redes de sostén o de contención, vínculos que enriquecen e impiden que la persona se sienta a la intemperie vital. Amigos, un maestro, una comunidad barrial, los grupos de resiliencia obran como apoyo y estimulo permanentes.
Cambios en la espiritualidad y en la filosofía de vida: Para las personas las experiencias traumáticas nos tienden a mover nuestros esquemas mentales e ideas sobre las que se construye su forma de organizar su vida (Janoff-Bulman, 1992). Cuando la gente pasa por estas experiencias produce cambios en su escala de valores y suele apreciar el valor de cosas que antes obviaba o daba por supuestas.
Para concluir este apartado habría que comentar que el crecimiento postraumático se puede interpretar bajo dos perspectivas bien distintas. En primer lugar, se podría considerar como un resultado, es decir, la persona lleva a cabo una serie de estrategias de afrontamiento que le llevan a encontrar beneficio de su experiencia. En segundo lugar, puede ser entendido como una estrategia en sí misma, es decir, la persona utiliza esta búsqueda de beneficio para afrontar su experiencia, de forma que más que un resultado es un proceso (Park, 1998).

Jose J. RiveroPsicólogoCoaching PersonalMediador Familiar.Miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva.

Imagen tomada de http://www.solhume.se/wp-content/uploads/IMG_8506-kopia2-Kopia.jpg

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