lunes, 20 de mayo de 2013

Optimismo para la vida.



La diferencia que existe entre una actitud optimista y otra pesimista se basa en el enfoque con el que se aprecian las cosas, es como si cambiásemos la lente de una cámara de vídeo con la que registramos nuestra realidad. Bajo esa óptica podemos empeñarnos en descubrir inconvenientes y dificultades que nos provocan apatía y desánimo. El optimismo supone hacer ese mismo esfuerzo para encontrar soluciones, ventajas y posibilidades, dándole la vuelta al pensamiento bloqueante y creyendo que si podemos conseguir cambiar esta situación.
Una de las primeras cualidades a potenciar ante la situación actual, debería de ser, el optimismo, potenciando en nosotros la confianza. Efectivamente parece una utopía, principalmente cuando vinculamos nuestro bienestar a elementos tan subjetivos que responden a: tanto tienes, tanto vales, dependiendo de un salario para poder subsistir, o si tienes suerte disponer de una ayuda que no sabes cuándo finalizará. Pero la inmovilidad de la indefensión, sentirme perdido antes de empezar, esa sí que es una situación caótica en las personas, cuando ya empezamos a pensar que no es culpa de la crisis, sino que quizás nosotros tenemos algo que ver en nuestra ineficacia económica y laboral.

Los estudios revelan que las personas más optimistas tienden a tener mejor humor, a ser más perseverantes y exitosos e, incluso, a tener mejor estado de salud física. De hecho, uno de los resultados más consistentes en la literatura científica es que aquellas personas que poseen altos niveles de optimismo y esperanza, tienden a salir fortalecidos y a encontrar beneficio en situaciones traumáticas y estresantes.
Claro está, que solo con poner buena cara no solucionamos los problemas que se agolpan en nuestra vida, por ello es importante que al mismo tiempo nos diseñemos un plan de trabajo personal, en que lo más destacable sea en primer lugar entender, que por muy mala que sea la situación por la que atraviese, puede tener solución si me lo propongo, y captar que el único actor y escritor de la novela de mi futuro voy a ser yo, por lo tanto, me tengo que sentir artífice de la misma, planteándome que cada momento es único e irrepetible, y aunque la realidad se empeñe en depararme un futuro oscuro y sin alternativas, yo puedo provocar cambios en mi realidad, resaltando aquellas facetas de mi vida que son óptimas y que no han cambiado.

Jose J. Rivero
Psicólogo 
Coach Personal.
Mediador familiar.
Miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva.

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