domingo, 30 de junio de 2013

Antifragilidad, una opción

A lo largo de la vida nos suceden acontecimientos inesperados, que se salen de lo común, que nos hacen reaccionar de manera extraordinaria, puesto que entendemos que dichos sucesos y acontecimientos responden a un patrón de aleatoriedad y de impredictibilidad. Esa misma respuesta la he obtenido cuando le he preguntado a diferentes personas qué fue lo más que les sorprendió de la crisis. Lo curioso es que dicha respuesta coincide con la anterior, es decir, su carácter inesperado. Como vemos, parece que vivimos bajo un patrón al que denominamos normalidad, ya que necesitamos percibir que las cosas se rigen bajo una falsa sensación de control de nuestra vida, lo que nos genera cierta tranquilidad y equilibrio que nos convierte en frágiles, ya que somos incapaces de responder a esas situaciones aleatorias altamente improbables. Lo realmente cierto es que, por pura probabilidad, se hace natural que nos sucedan situaciones que consideramos traumáticas a lo largo de nuestra vida. 
Por esos motivos detestamos los errores, dado que nos hacen vulnerables, aunque al mismo tiempo nos dejan indefensos ante las situaciones que no controlamos. Nos convierten en frágiles según las palabras de Nicholas Taleb en su obra Antifragilidad. Este autor la define entendiendo que existen personas que se benefician de las crisis, que incluso prosperan y crecen cuando se ven presas del azar, el desorden y los diferentes estresores diarios. Disfrutan de la aventura que les genera el riesgo y la incertidumbre. Por esa razón, responden de manera más adecuada ante las diferentes circunstancias de la vida, ya que entienden que son probables. Sin embargo, el resto nos quedamos sin un repertorio de conducta, debido a que nos sentimos incómodos y preferimos seguir creyendo que llevamos el control.
Esta concepción de la realidad nos plantea una manera diferente de afrontar nuestra vida, que está llena de mucha incertidumbre, para la que no estamos preparados, porque no las consideramos dentro de un panorama amplio de posibilidades. Aún así, parece que lo importante es poder considerar que estamos abiertos a un sinfín de acontecimientos que no contemplamos como posibles, y el poder cambiar esa percepción nos convierte en personas capaces de responder ante dichas situaciones vitales. Esto nos generará mayor bienestar y felicidad, ya que asumiremos que la vida se rige por situaciones cambiantes, siendo las personas las únicas responsables de nuestro crecimiento personal, convirtiéndonos en antifrágiles capaces de contemplar la adversidad y el error como potenciales humanos. Les invito a que probemos ser antifrágiles.
*PSICÓLOGO Y MIEMBRO DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA POSITIVA

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