miércoles, 18 de septiembre de 2013

Satisfacción vital o Felicidad.

José Juan Rivero*
En esta sociedad cada vez más compleja y estresante, donde parece que nos acostumbramos a vivir entre las malas noticias, en un mundo donde el materialismo parece condenarnos al fracaso, bajo la falsa promesa de progreso y de bienestar mal entendido. Cuando hemos obviado que el objetivo de toda persona es la felicidad, ya que los esfuerzos económicos a nivel mundial se centran en la economía, la felicidad se  convierte hoy en una apuesta social.
El objetivo vital que se nos plantea desde nuestra infancia está vinculado al éxito, principalmente económico, poseer el mejor trabajo, que me abrirá las puertas hacia la vida prometida, respondiendo a la norma moral que nos dice: tanto tienes, tanto vales, pero no solo nos regimos así las personas, también se mide el bienestar de un país por su riqueza, respondiendo a valores como su PIB, que mide el volumen de bienes y servicios que se producen y consumen. En ambos casos se abandona como objetivo de vida la felicidad, más relacionada con otros factores internos y más estables.
Los estudios plantean que la pobreza genera insatisfacción con la vida, y que en los países con altos índices de pobreza existe mayor insatisfacción vital, además se ve que aquellos países con mayor riqueza se sienten más satisfechos, aunque valorar la satisfacción con la vida nos plantea el quedarnos solo en las circunstancias externas que generan momentos de bienestar pero que no lo garantizan. Sin embargo, cuando se evalúa la felicidad en las personas de un país, los resultados cambian, ya que el estado de ánimo no cambia por mucho que aumenten mis ingresos, y ahí encontramos que muchos países que poseen un PIB mucho más bajo que nosotros son más felices, pero esto también sucede a niveles locales y personales.
A estas alturas cabría hacerse la siguiente pregunta: ¿qué repercusión ha tenido la crisis sobre este panorama? Pues realmente ha disminuido nuestra satisfacción con la vida, que si lo sumamos a los niveles de infelicidad anteriores, generan la sensación actual. Pero seguimos cayendo en el mismo error, nos centramos más en potenciar los factores económicos, frente a las personas. Se intenta generar ese nivel de riqueza anterior sin hacer esfuerzos en aquellos factores que generan bienestar, por eso estas quedan relegadas frente a la economía, sin darnos cuenta que en los últimos treinta años los índices de felicidad en los países que considerábamos económicamente fuerte no han variado significativamente. Sin embargo, no potenciamos a las personas, generando recursos que generen significado en sus vidas, que aporten felicidad.

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva

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