miércoles, 19 de noviembre de 2014

Inteligencia Emocional.

José Juan Rivero*
Las emociones juegan un papel crucial en nuestro desarrollo como personas, somos por naturaleza seres emocionales, no podemos evitar estar influidos por las mismas en ningún aspecto de nuestra vida, ni cuando afirmamos que somos fríos como témpanos de hielo, ya que nuestro pensamiento, nuestras acciones están tamizadas por una variedad de emociones, sentimientos, deseos y pasiones.  Expresar una emoción forma parte de vida y nos ayuda a que las demás personas nos conozcan mejor y puedan también comprendernos.

El sentir una emoción ante un hecho es una reacción natural del ser humano que nos hace sentir que estamos vivos, además de jugar un papel esencial en nuestra socialización. En nuestro abanico emocional nos encontramos con diferentes las emociones básicas como la Ira, el miedo, el amor, la sorpresa, la tristeza y la alegría que cumplen una misión de adaptación favoreciendo nuestra supervivencia en el entorno, nos permiten adaptarnos y reaccionar a diferentes amenazas o estímulos vitales. La manifestación de estas emociones está acompañada de una respuesta física determinada. En muchas ocasiones una mala gestión, por desadaptaciones adaptativas principalmente, nos pueden ocasionar diferentes problemas debido a que nos dejamos dominar o inundar por dichas emociones.
Cada persona a lo largo de su vida aprende a reaccionar emocionalmente ante una misma situación, algunos pueden reaccionar de una manera intensa y otros de manera tranquila y esto tiene que ver con muchos factores como la personalidad, la crianza, la cultura, etc. El saber cómo expresarlas requiere que seas capaz de gestionarlas, canalizarlas, interpretarlas y darle una forma de expresión adecuada.

La inteligencia emocional es una fortaleza humana que nos permite percibir, valorar y expresar emociones con exactitud, esa habilidad que nos permite acceder y generar sentimientos que faciliten el pensamiento; que nos ayuda a comprender las emociones a conocerlas y al mismo tiempo nos da la capacidad de regular dichas emociones facilitando nuestro crecimiento emocional e intelectual.

La vivencia emocional produce en nosotros reacciones negativas y positivas que nos ocasionan dificultades tanto a nivel personal como en nuestras relaciones con los demás. Quitándonos en ocasiones fuerza y vitalidad para continuar con nuestras actividades diarias.

Sin embargo, el conocimiento adecuado de las mismas: su expresión, su interpretación y su derivación nos permiten aumentar nuestro bienestar. Pero además cuando potenciamos en nuestra vida las emociones positivas ampliamos nuestro campo de posibilidades, volviéndonos más reflexivos, creativos y optimistas, lo que nos permite transformar nuestra realidad personal, mejorando nuestro bienestar, lo que nos hace sentirnos más felices.

*Psicólogo y miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva

@jriveroperez

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