domingo, 8 de febrero de 2015

DESCONECTA

Es curioso comprobar como en el puente de diciembre la mayoría de las familias Canarias nos dedicamos a adornar nuestros hogares, vistiéndolos de esplendor, para así afrontar estos días de fiesta y honrar la Navidad. En muchas ocasiones, en nuestra sociedad occidental, lo que denominamos el mundo avanzado, nos cuestionamos el vivenciar estos días, nos planteamos la inutilidad de adornar nuestras casas con el árbol o el Belén, y dejamos en manos de nuestros niños el decidir si lo hacemos o no. 

Así también nos cuestionamos qué hacer, si poner un Belén, o no, o poner un árbol, e incluso llegamos a discutir con las personas bajo esta dicotomía cultural y religiosa, y así nos seguimos perdiendo lo esencial: Vivir. Hace unos días leía un noticia en unos de esos foros de actualidad positiva que comentaban cómo en Colombia llevan viviendo una situación de guerra de guerrilla durante más de 50 años. Muchas personas a lo largo de su vida no han vivido un día de paz, ni siquiera en Navidad. Bajo esa perspectiva, un ejecutivo de publicidad y su equipo vieron la oportunidad de influir en los corazones y las mentes de la guerrilla a través de ese espíritu navideño, es decir, con árboles, mensajes navideños personalizados que se ubicaron en la selva, donde este grupo de guerrilla habita. El resultado de esta estrategia hizo que muchos de los guerrilleros dejaran sus armas conmovidos por ese maltrecho espíritu navideño que en nuestra cultura, en muchas ocasiones, cuestionamos. Hace unos días, un amigo me comentaba que le parecía irónico eso de la Navidad, ya que existía una hipocresía generalizada. Yo le comentaba que para mí el que al menos una vez al año la gente se plantee levantar la cabeza y ver que existe otra persona enfrente, que una vez al año salgamos de la monotonía diaria y nos reunamos en familia para hacer el árbol de Navidad, dejando el móvil y las tablet atrás, para mí ya merece la pena el intentarlo. O incluso el compartir espacios con amigos, parando toda actividad, puesto que esos brindis o cenas de empresa no tienen otro objetivo que parar y compartir con el otro. Sin embargo, lo primero que se activa en nuestra cabeza es la inutilidad de dichos momentos, fijando nuestra vista en lo negativo. Yo te diría que este año intentaras una cosa: déjate llevar, desconecta esos momentos. Dedica tu tiempo a potenciar la felicidad de los otros, compartiendo con los demás que son una fuente potencial de bienestar en nuestra vida, aunque sea solo una vez al año. ¡Disfrútalos! 
Jose J. Rivero.
Con Rocio Celis en RECREÁNDONOS

*Miembro de la Sociedad Española de Psicología Positiva
@jriveroperez

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